Diócesis de Cuenca

Experiencia 1

Enviada por Calcetines el 5 de junio de 2017:

Hola, muy buenas,

os dejo el testimonio de mi paso y salida de la Santa Madre Iglesia.

Me crié, como tantos otros, en un entorno católico y practicante. Fui bautizado (obviamente, sin mi consentimiento, aunque con toda la buena intención y amor del mundo) al poco de nacer, iba a clase de religión en el colegio, pasaba unos días en campamentos católicos en verano, cada semana asistía a catequesis, fui monaguillo, hice la comunión y la confirmación… Vamos, el camino que supuestamente “me llevaría al cielo”.

En la adolescencia empecé a cuestionarme muchas cosas y cada vez me iba separando más de la doctrina religiosa hasta el punto de sentirme un ateo convencido. Siempre tuve en la cabeza la idea de salir de aquella institución aunque no sabía cómo o si merecería la pena. Hasta que un familiar me convenció de hacerlo.

Lo primero que hice fue informarme previamente por internet de las consecuencias y de los pasos del proceso para evitar perder el tiempo y tener claros los trámites.

Una vez que tuve claro el proceso y que necesitaría paciencia (cada Arzobispado es un mundo), me dirigí a la comisaría de policía a por mi fotocopia compulsada. No me costó nada y me la hicieron en un momento. Hay que ir por la mañana, por la tarde no realizan trámites administrativos.

Lo siguiente fue avisar al sacerdote, de la iglesia en la que fui bautizado, de que necesitaba una fotocopia de mi partida de bautismo. Si te preguntan el motivo, creo que es mejor ser sincero. Le dije para lo que era, sin rodeos. Pero si te da vergüenza puedes decirle que es para casarte. No me la dio porque tenía que preguntar previamente a sus superiores en el Arzobispado. Supongo que era el primer feligrés que salía del redil y pensó que era mejor caminar sobre seguro. Tengo que decir que mi relación con él es bastante buena y al cabo de tres días recibí su respuesta muy cordial y amable: Podía dirigirme al Arzobispado de Cuenca sin necesidad de la partida bautismal, ya habían sido informados y estaban al tanto del asunto.

En este punto, decidí informar a mi familia. Esto es algo importante ya que si te pasa algo y tienen que darte sepultura, ésta no podría ser la eclesiástica tradicional. O puede ser que te quieras casar con tu pareja por la Iglesia en un futuro, al menos uno de los dos debe de estar bautizado. Otra consecuencia es que no podrías ser padrino/a en un bautizo.
En ese momento, mi familia no lo se lo tomó muy bien, sobre todo mi madre. Pero pasado un tiempo la situación se tranquilizó. La clave fueron los bueno modales, exponer el tema como una cuestión de libertad personal y, sobre todo, no echarles la culpa de haber hecho algo mal. No lo hicieron.

Con las aguas tranquilas, escribí una carta exponiendo los motivos de mi apostasía. En caso del Arzobispado de Cuenca, es mejor no llevar cartas sacadas de cualquier página de internet o foro si no quieres que rechacen tu solicitud. Es mejor coger algunas ideas generales y aportar tus propios motivos con sinceridad y un lenguaje correcto. El lenguaje agresivo no lo encajan bien, así que es mejor evitarse problemas y tener que escribir otra carta.

Después de llamar para concertar una cita, no tuve respuesta así que esa misma mañana me planté en el Arzobispado y tuve una reunión con el Secretario Canciller. Me preguntó los motivos y fue bastante amable. Le entregué mi carta, la fotocopia compulsada del dni, leyó la carta y estuve hablando unos minutos con él sobre los motivos de la apostasía y sus consecuencias. Nada de interrogatorio incómodo o sermón. Todo bastante cordial. Me retiré con la promesa de que se pondría en contacto con el párroco para que este hiciera la inscripción correspondiente en mi partida bautismal original.

Un mes después, recibí un e-mail del Arzobispado con el documento que acredita mi apostasía y unos días después la carta con el documento original. Si, pasado un mes, no recibes respuesta, ponte en contacto con ellos y asegúrate de que no “se han olvidado”.

Si alguien está pensando en apostatar en el Arzobispado de Cuenca, le animo a hacerlo. Tuve la suerte de no encontrarme con impedimentos ni sermones. Trato correcto y cordial. Apostatar es un acto de coherencia con uno mismo y debería ser así de sencillo en todos los Arzobispados.

Un saludo y suerte.

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